jueves, 4 de junio de 2009

Una tarde con García Madero.



Méjico D.F.
En una librería de pocos libros nos encontramos García Madero y yo, será pronto muy tarde nos advierten los ojos de un vendedor muy viejo, voy en la mitad de un libro y Madero en la mitad de otro.
Con García Madero nos conocemos desde hace muy poco, dos horas creo, me preguntó qué buscaba y por qué, le respondí.
Le conté voluntariamente que soy de Chile y que de allá llegué buscando el final de un libro, al momento que le dicté mi apellido desestiró el ceño y descansó.
Hasta el momento no hemos despegado la vista de nuestras lecturas, intento recordar leyendo” epopeyas de comidas y bebidas de chile”, con cuidado ante el anciano libro,
Madero algo busca en un libro sin titulo, siento que busca un poema, poema que seguramente está en su bolsillo, en una mujer, en alguna parte de su camino o quizás en el mismo libro sin titulo.
En esta tarde, solo he permanecido en la librería, con un extraño resquemor en la lengua y un cansancio en los huesos, como queriendo ser otra persona, como queriendo ser parte de algo, algo que me desvele en esta noche que no conozco.
Madero ve la hora con cara de sería desesperanza a no terminar el libro que comenzó, y con el mismo libro sin titulo me indica una cafetería, que alberga a unos hombres deteriorados discutiendo algo a baja voz. Me dice que si quiero terminar el libro lo guarde y corra con el, inevitablemente me entra un sustito que demuestra mi honradez y correctitud tan chilenamente inaceptable, pero ese resquemor en la lengua y ese cansancio en los huesos me ayudan a aceptar este pequeño desafío, Sobre actuadamente demuestro mi felicidad con un saltito que me impulsa desenfrenadamente hacia la puerta donde un relámpago paralizante y encegecedor me golpea la cara, una música anacrónica desentiende a mi cordura, un agudo sonido alarma a unos lectores y una mano jala de mi bolsón, deteniéndome entre el mundo y la moderna librería que se apellida byblos. Busco a García Madero y solo percibo su olor, su recuerdo me complica haciéndome cavilar tan insistentemente en ese pasaje tan poético.
A medida que la mano me zamarrea, de mi bolsón algo extraen, es un blanco libro de letras negras, “DETECTIVES SALVAJES” y un boleto marcando una pagina.

Talca, Chile
Me encuentro solo, en una librería de muchos libros, con una risa vanidosa que acompaña la lectura.
mnl G.

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