
Vivo solo, vivo solo para vivir solo, y mi sexo duerme en los cementerios, en eso recaen mis amarillos recuerdos junto a mis huesos somnolientos.
Comparto las tardes con rosas y calas negras, con ellas converso y echo la talla, también humeo con ellas el tibio silencio de morir en estos costales con hedor a fuerza desvanecida, así constituyo una fotografía exacta del desencanto y olvido.
A cada momento asomo mi nevada cabeza por un rincón vago, donde la luz es un despertador natural, que enciende mi cuarto y casa, desde la calle los universitarios distinguen un par de ojos negros con perlas blancas, que día a día maravillan menos a cual macilenta mujer desmaravillada deambula por mi mirada.
No cabe duda que muero, y solo de pensarlo soy feliz, es que cuando el peso del aire encorva la espalda y las manos son tenazas de hilos, lo mejor que a uno le puede pasar como mundo y poema envejecido, es transformarse en mármol y cruces de benevolencia o simplemente conversar con la madera que morirá con migo en un sueño posiblemente mejor que este.
mnl.g



Rayos
ResponderEliminarNo comento generalmente en ningun lado, pero me cargaste la conciencia por robar y no comentar.
Me gusto, supongo que empezare a pasar (y robar) mas seguido por aca..
Suerte